01 noviembre 2005

RENDIRSE A CRISTO

EL COSTO DE UNA VIDA RENDIDA A CRISTO

Por Carlos Estrada

2 Samuel 24:24

Introducción:

En el contexto encontramos que la ira de Dios se había encendido contra Israel. No tenemos información sobre cual era el pecado que había cometido el pueblo. También hallamos que David censó a la nación. Al hacerlo, David había pecado. El censo en sí no era el pecado, sino la actitud del corazón de David, quien había censado a la nación para vanagloriarse en la cantidad de hombres de guerra que Israel poseía. Esta conducta dejó al descubierto el terrible pecado del Rey; el pecado de confiar en el tamaño y poderío de su ejercito antes que en el poder protector de Dios. El hombre que había dicho: “de Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:14), el hombre que había declarado: “Unos cuentan con sus carros de guerra y otros cuentan con sus caballos; pero nosotros contamos con el Señor nuestro Dios” (Salmo 20:7 DHH) ahora había depositado su confianza en el frágil poder humano. Como consecuencia del pecado del pueblo, la nación cayó en manos de Dios y 70 mil hombres murieron a causa de una peste. Dios tubo misericordia del pueblo y David por mandato de Dios ofreció holocaustos donde el Señor le indicó para que la peste cesara. En los terrenos de Arauna Jebuseo. David se dispuso a comprar a Arauna su propiedad para ofrecer allí el sacrificio a Jehová, pero Arauna insistió en obsequiarle a David todo lo que necesitaba desde la propiedad, los bueyes para el sacrificio y hasta la leña. Es entonces cuando David pronuncia aquellas palabras que nos enseñan a nosotros una tremenda lección sobre el costo de rendir nuestra vida a Cristo. David dijo: por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada (2 Samuel 24:24).

Rendirnos por completo a Dios tiene un precio ¿Cuánto le cuesta al hombre rendirle su vida a Dios?

I. Rendirse a Cristo le costará sus pecados preferidos.

  1. El pecado que le es deleitoso (Job 20:12-16)


  • Rendirse a Cristo le costara: El pecado que se disfruta, pero cuyo deleite es temporal (v.12).


  • El pecado que en lo oculto parece deleitoso (v.12).


  • El pecado que se desea y no se quiere dejar (v.13)

“Aunque lo desee y no lo deje ir, sino que lo retenga en su paladar” BLA


  • El pecado que un día mostrará su verdadera cara, la de la muerte (vv. 14-16; Romanos 6:23)

  1. Los pecados preferidos en los que persevera (Isaías 64:5)


  • Israel había pecado por largo tiempo, había perseverado en sus pecados favoritos.


  • Del hebreo olam: larga duración, antigüedad, eterno, existencia continúa.


  • Sus vestidos eran como harapos por lo que no podían entrar en la presencia del Señor (64:6-7).


  • Rendirse a Cristo le costará dejar aquellos pecados en los que ha perseverado.

  1. El pecado preferido que ama (2 Timoteo 2:2-5)


  • Pablo habló de hombre corruptos “amadores de si mismo” y “amadores de los deleites más que de Dios”.    

“Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 2:2-5)


  • Rendirse a Cristo le costará aborrecer, dejar de amar los pecados que ha amado.
    
  1. El pecado preferido que lo mantiene esclavo (Juan 8:34)


  • Los hombres son esclavos de sus pecados favoritos a los cuales están sometidos y los cuales obedecen.

¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? (Romanos 6:17)


  • Rendirse a Cristo le costará sus pecados preferidos que lo esclavizan.

“El mal le parece tan delicioso que lo saborea con la lengua; retiene su sabor en la boca y lo paladea lentamente. Pero luego, en el estómago, se le convierte en veneno de serpiente. Vomita las riquezas que había devorado; Dios se las saca del estómago. Estaba chupando veneno de serpiente, y ese veneno lo matará” (DHH).


II.   Rendirse a Cristo le constará su amistad con el mundo (1 Juan 2:15-16)

  1. “No améis al mundo”

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre


  • El mundo ese aspecto de la sociedad que nos rodea, que funciona bajo el control de Satanás.


  • Amar el mundo es gustar de la mundanalidad que se identifica por tres aspectos:


  • Deseos de la carne: Ansiedad por satisfacer nuestros deseos, placeres, y apetitos carnales:

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21)


  • Deseos de los ojos: Codicia, todo lo que el ojo mira y codicia: Dinero, bienes, propiedades, sexo opuesto.

“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28)

“Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; Avívame en tu camino” (Salmo 119:37).


  • Vana gloria de la vida: Literalmente “la arrogancia de la vida”. Ambición de honor y el aplauso, vida suntuosa, pero más enfáticamente, el deseo de ser alabado, el cual fue el pecado de Satanás que deseaba la gloria que solamente le pertenece a Dios.


  • Este amor por el mundo discrepa con el amor de Dios, ambos son incompatibles (V15).


  • el corazón del hombre no puede contener a ambos así que tiene que decidir por uno de ellos solamente.


  • Si alguno ama al mundo el amor del padre no está en él.

¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios (Santiago 4:4)

  1. Rendirse a Cristo no solo le costará rechazar al mundo sino que el mundo le rechace a usted por causa de Cristo (Juan 17:14).

“Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”

III. Rendirse a Cristo le constará dinero.

  1. David Compró las tierras de Arauna para realizar su sacrificio (2 Samuel 24:24)


  • No quería ofrecer algo que no le costara a él personalmente.

  1. Servir al Señor nos costará dinero.


  • ¿Cuánto daría si Cristo fuera realmente su Señor?


  • La ofrenda no se mide por lo que damos sino por lo que retenemos.

  1. Rendirle su vida a Cristo le costará dinero.


  • Su dinero es de Dios (Hágeo 2:8)

“Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos”


  • El dinero nunca satisface (Eclesiastés 5:10)

“El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad”


  • Algunos han perdido lo más importante en la vida a causa del dinero (1 Timoteo 6: 9-10)

“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”.

  • Que hermoso es cuando los hombres (de valor) no reparan en gastos para ofrecerle a Dios algún servicio que trae gloria a su nombre.

IV.  Rendirse a Cristo le costará dejar de ocupar usted mismo el primer  lugar en su corazón.

  1. El discipulado es costoso (Lucas 9: 23-24)

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. 24Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará”

  1. Cristo tiene que ocupar el trono de nuestro corazón (Mateo 6: 33)
  

  • Actuamos como diablos cuando no buscamos las cosas de arriba (Marcos 8:33).

“Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”.

  1. La voluntad de Dios debe ser una prioridad en nuestras vidas

“No se haga mi voluntad sino la tuya.”


Conclusión:

Los hombres de valor saben que rendirse a Cristo les costará su pecado preferido, y están firmemente decididos a aborrecer y a dejar el pecado.

Los hombres de valor saben que el mundo no es su hogar, su corazón está lleno del amor del padre por cuanto crucificado al mundo con sus deseos y pasiones.

Los hombres de valor están concientes de que el dinero es de Dios, y que el dinero es una amenaza latente en la vida, por tanto han decidido con firmeza servir con su dinero al único y verdadero Amo de sus vidas, a Jesucristo el Señor de Señores.

Los hombres de valor no viven para sí mismos; han destronado su ego del corazón y han entronizado a Dios como único Rey. Están a las ordenes de Dios, buscando continuamente el reino de Dios y su justicia y dispuestos cada día a decir: “Señor no se haga mi voluntad, sino la tuya”

¿Es usted uno de estos hombres? ¿Hay alguna atadura  en su vida que quiere que Dios desate hoy?

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